Si esa mano hubiera sido de Luna o Paula, no habría pensado demasiado en ello. Pero el problema era que vi claramente que esa mano pertenecía justo a Lucía, mi cuñada.
Como estaba charlando con Paula, decidió mejor sentarse junto a ellas, y eso me dejó atrapado en medio de Raúl y Lucía.
Mi hermano estaba a mi derecha, con su brazo sobre mi hombro, mientras que Lucía estaba a mi izquierda, acariciándome con delicadeza el muslo.
Me sentía incómodo y aterrado.
Por un lado, temía que mi hermano se d