La verdad es que tenía la conciencia intranquila.
Esa mujer y yo trabajábamos justo en el hospital central, así que era inevitable que nos cruzáramos en algún momento.
Si llegábamos a descubrir nuestras respectivas identidades, ¡qué situación más incómoda sería!
Además, ella no parecía ser alguien fácil de tratar, y me preocupaba demasiado que empezara a buscarme problemas también en el hospital.
Por eso, lo mejor era no dejar rastro alguno y mantenerme en el anonimato.
Aunque la noche anterior