—No me crees, ve entonces a la lavadora y revisa tú misma.
—Y además, anoche me confundiste con mi hermano, ¡intentaste acostarte conmigo!
—Por suerte, tengo una gran fuerza de voluntad y no cometí un error.
Lo dije con cierto aire de orgullo.
Mi cuñada me lanzó una mirada fulminante.
Por su mente pasó: —Anoche te di dos señales claras de que podías hacerlo y ni así te atreviste. Qué hombre tan cobarde.
—Entonces, ¿justo, aprovechaste la situación con Luna o con Paula? — me preguntó con un tono