—Dime la verdad —exigió María, visiblemente alterada:— ¿Qué es lo que te está pasando?
Sabía perfectamente que, si Viviana no tuviera realmente algo importante, jamás la habría citado en mitad de la noche solo para charlar como dos hermanitas y tomar un café.
Para María, era evidente que Viviana no solo estaba intentando mostrarse afectuosa; más bien, parecía que estaba dejándole instrucciones o, peor aún, despidiéndose.
Esa idea le provocó un nudo en el estómago y le puso los nervios de punta.