No quería seguir discutiendo ese tema con Elara hasta el amanecer, así que volví a insinuarle de nuevo que se fuera:
—No te preocupes, mejor vete. Ya quiero dormir y si sigues hablando en ese tono, vas a terminar despertando a Patricia.
—¡No me voy a ir! —respondió con un tono tenso:— Estoy molesta, ansiosa… Necesito que alguien me escuche, así que quédate conmigo un rato más, ¿sí por favor?
—¿Amiga, no tienes que trabajar mañana o qué? —solté sin pensarlo demasiado.
Apenas terminé de decirlo, E