—¿Y por qué no lo trajiste antes? —me recriminó Viviana con una expresión de reproche en el rostro.—Se me ocurrió recién anoche —me apresuré a explicarle:— Hace años que no vuelvo al pueblo; he estado estudiando fuera casi todo el tiempo.
Viviana soltó un enorme bostezo, sin disimulo alguno:—Estoy muerta… Me voy a descansar un rato. Quédate tú aquí vigilando.
—Claro, anda, descansa un poco —le dije con comprensión.
Se le notaba en la cara: estaba completamente agotada.
En serio, esta mujer era a