Rubio esquivó con agilidad, pero el filo aún logró alcanzar su hombro.
Al instante, un dolor agudo lo hizo gritar de desesperación, mientras el lugar se sumía en un completo caos.
—¡Alguien, rápido, acaba con él! —rugió Rubio, presionando la herida con una mano mientras la sangre empapaba con rapidez su camisa.
Mario había intentado acabar con Rubio de un solo golpe, pero no contaba con que este lograría esquivarlo en el último momento.
Sin experiencia en peleas, el pánico se apoderó de él de in