—Bueno, tienes el mejor gusto; la verdad es que Liora es bastante encantadora.
Le quise dar un par de palmadas en el hombro a Kiros, pero apenas levanté el brazo, me di cuenta de que me dolía muchísimo.
Mario se apresuró a acercarse y, sosteniéndome, exclamó:
—Óscar, déjame llevarte de regreso para vendarte un poco.
Al mirar a Mario, mi ánimo se volvió cada vez más complejo.
Aquel desgraciado me había malinterpretado anteriormente, lo que me había dejado muy disgustado y desconcertado, y hasta