—Óscar.
Mientras me encontraba pensando, de repente escuché la débil voz de mi jefe llamándome.
Me apresuré a llegar junto a su cama.
—Óscar, siéntate a mi lado, quiero hablar contigo sobre algo.
Me senté en una silla cerca de su cama.
—Jefe, lo que necesite, solo dígame. Haré todo lo que esté en mis manos para ayudarle.
Él sonrió y lo negó, luego dijo: —No te pongas tan serio, solo quiero charlar un poco.
—En cuanto a mi enfermedad, siempre he sido optimista. Creo que si mantengo una buena acti