—De todas maneras, ¡no se puede hacer! Señora Elara, no me empuje. Si lo hace, no seré tan educado contigo.
Sabía a la perfección que una mujer como la señora Elara no era alguien con quien pudiera tratar a la ligera.
Ahora mismo no tenía poder ni influencia alguna; un solo Mikel ya era suficiente para que me causara dolores de cabeza. Si me metía en algo con la señora Elara, no sabía cómo acabaría.
Este viaje a la Montaña Esmeralda me enseñó una lección importante: para poder salir con una muje