En ese preciso momento, mi estado de ánimo estaba tan destruido que no sabía qué hacer, deseaba poder salir de ese lugar que me estaba causando tanta vergüenza.
Luna trató de consolarme: —Óscar, no te pongas tan nervioso, ya pasó lo que pasó. Aunque te sientas avergonzado, no sirve de nada seguir dándole vueltas a ese asunto.
—Y en realidad no nos importa, después de todo, todas nos conocemos muy bien, estamos acostumbradas a vernos unas a otras.
Aunque me decía eso, no podía dejar de sentirme i