—¡Soy un ser humano, no soy tu puta gatita o perrita! ¡Me tienes aquí encerrada como una ostra todo el día a tu lado! Si sigo así, ¡me va a dar depresión!
—Y si me da depresión, me voy a morir. Entonces, ¿quién te va a atender después?
Mikel, con una ligera sonrisa, respondió:
—No puedes morir. Si lo hicieras, yo me sentiría terriblemente triste.
—Por eso, deberías dejarme salir. Así mi ánimo mejorará un poco, ¡y no me dará depresión!
Mikel, algo curioso, le preguntó:
—¿Es tan horrible estar a m