Esa era también la razón por la cual mi cuñada no se había divorciado de Raúl hasta ahora.
Su corazón ya estaba en un punto muerto, y ahora solo era cuestión de convivir como si fueran compañeros de vida.
Al menos tenían comida y bebida, y en realidad no necesitaba preocuparse por lo material.
En cuanto a lo espiritual, ya había encontrado una forma de llenarlo, y esa forma era yo.
Luna no entendía del todo el pensamiento de mi cuñada, pero respetaba profundamente lo que ella había decidido hace