Al verme entrar abrazando tan cariñoso a mi cuñada, Luna no pudo evitar sonreír:
—¿Tan rápido ha terminado todo?
Me sentí algo avergonzado y, con la cara roja, le respondí:
—Luna, seguro que estabas esperando, ¿no?
Luna se encogió de hombros con indiferencia: —Yo estoy bien. Al final, la que está herida no soy yo. Pero ustedes dos, ¿cómo puede ser que ella esté herida y aun así estén...?
Miré a mi cuñada en mis brazos, seguía profundamente dormida.
La dejé con delicadeza en la cama y cubrí su