—Luna, te hablo con toda sinceridad. Yo realmente quiero casarme contigo, quiero que seas mi esposa. Pero nunca he pensado en casarme con Paula.
—Simplemente… no sé qué me pasa. Desde que supe que su esposo regresó, he sentido como si ya no fuera necesario, como si de repente hubiera dejado de ser importante para ella.
Luna con una risita y, abrazando mi brazo con suavidad, me miró con una expresión traviesa:
—Lo que pasa es que estás acostumbrado a ser el centro de atención de todas estas mujer