Si llego a rayar o dañar este auto, por más que me lo vendan, ¡no voy a poder pagar ni una sola parte de su valor!
No pude evitar que mis piernas comenzaran a temblar, y con un tono de voz temblorosa le dije: —Señorita Viviana, de verdad no me atrevo a conducir este auto, sería mejor que buscara a otro conductor.
Viviana no pudo contener más la risa al ver mi expresión, y se soltó a reír con mas fuerza: —¿En serio? ¿Solo por un auto te pones tan nervioso?
—¡Pero no es un auto cualquiera! ¡Este e