Paula se sonrió dichosa al ver mi reacción:
—Pequeño travieso, me gusta cuando te importa cómo me veo.
—Vamos, ayúdame a ponerme la ropa.
—¿Ah, con la boca? Le respondí, sorprendida. Eso de vestirse con la boca, ¡parecía una tarea bastante difícil!
Paula comenzó a reírse entre sí misma:
—No, no es necesario. Simplemente ayúdame a ponerme la ropa como antes lo hacias.
Entonces, empecé a ayudar a Paula a ponerse la ropa.
Paula se estiró y se dio un repentina bostezo: —Qué bien me siento. A partir