—¡Ah, ¿qué te pasa? ¡Bájate de inmediato!
Casi me muero del susto. Levanté las manos lo mas alto que pude, sin atreverme a tocarle ni un pelo a esa mujer.
Pero María, sin pensarlo dos veces, comenzó a quitarme la ropa prenda tras prenda. Mientras lo hacía, decía una y otra vez: —¿Acaso no pensaste hace un momento que yo te me aprovechando? Ahora te devuelvo el favor. No vuelvas a hacer o decir algo así frente a mí en el futuro.
Era muy temprano en horas de la mañana, pero no podía ocultar la rab