¡Qué suerte que tengo! Estuve a punto de perder la cabeza por culpa de Viviana.
—Luna, gracias, si no fuera por ti, habría caído en la vil trampa de esa mujer.
En ese momento, Viviana, al ver que no había aceptado su solicitud de amistad, decidió llamarme directamente: —Perrito, ¿me estás tomando el pelo? Ya te envié la solicitud de amistad, ¿por qué aún no la has aceptado?
Con seriedad, le respondí: —Estuve pensando un poco y sí, soy débil, lo admito, pero no puedo seguir teniendo nada que ver