Justo cuando me sentía nervioso y preocupado, mi celular comenzó a vibrar de repente.
Al principio pensé que era una llamada de mi cuñada, pero al mirar la pantalla me di cuenta de que era un número desconocido y, además, de la ciudad provincial.
No parece que tenga amigos en la ciudad provincial, ¿verdad?
Y más a estas horas de la noche, ¿quién podría llamarme?
Pensé por un momento y decidí contestar.
En el instante en que atendí, escuché una voz familiar desde el otro lado del celular: —perrit