Sabía que Luna quería que fuera a consolar a mi cuñada.
Llegué a la cocina y la vi allí, en absoluto silencio, recogiendo algunas cosas. No dijo ni una sola palabra.
—¿Cuñada, acaso estás enojada? —dije mientras la abrazaba por detrás, acercándome con dulzura a su oído y preguntándole en voz baja.
Ella, un poco incómoda, respondió con timidez: —¿Qué estás haciendo? ¡Suéltame de inmediato!
—No, no lo haré. Ya me di cuenta, que estás celosa —dije de forma intencional, sonriendo mientras la observa