—¿Quieres ver algo aún más excitante? — María, recostada sobre mí, me preguntó con una voz sugerente.
Acepté con entusiasmo, incapaz de controlar mi creciente expectativa.
En ese preciso momento, mi mente estaba invadida por completo la emoción y la anticipación. Ya nada más importaba, ya yo estaba perdido.
—Entonces espérate tantito, — dijo ella con una sonrisa traviesa.
Como una gata juguetona, se deslizó fuera de mi cuerpo y bajó de la cama.
Mi corazón latía con fuerza, y una idea emocionada