—¡Raúl, ya verás! Mañana mismo haré que tu empresa quiebre por completo.
Al escuchar estas palabras de Eric, mi hermano sintió cómo su mundo se derrumbaba en un instante.
—Eric, te juro que no sé nada de todo esto. No sé qué pasó, pero por favor, créeme.
—Eric, mi empresa no puede sobrevivir sin tu colaboración. Por favor, por los años que hemos sido amigos, ayúdame una vez más.
Raúl parecía suplicar como un niño indefenso, al borde de rogar de rodillas, su desesperación era evidente.
Si