En ese momento, Eric estaba en la cúspide de su arrogancia.
Primero, porque finalmente tenía en sus manos la prueba de la supuesta infidelidad de Luna.
Segundo, porque la joven interna, Alaia Zúñiga, lo había complacido a la perfección durante la noche anterior, dejándolo satisfecho por completo.
Eric se sentía intocable, tan seguro de sí mismo que ni siquiera se molestaba en ocultar su relación con Alaia.
—Anoche lo hiciste muy bien, — dijo Eric mientras acariciaba las largas y hermosas