Observé cómo los tres quedaron en silencio instantáneamente mientras me recostaba en el sofá. Qué buen sofá, en todo el tiempo desde mi regreso nunca pude sentarme en él. Cada vez que intentaba acercarme, Naiara ponía una expresión lastimera, y Erik, ahora silencioso, solía estallar repentinamente, señalándome y gritando. Papá, que rara vez estaba en casa, prefería no involucrarse en estos asuntos, y mamá, aunque callada, me miraba con reproche.
Aun cuando Naiara se atragantaba comiendo, de algu