Por la mañana, aún daba vueltas en mi cabeza el problema con mi padre, Massimo decía que no parecía estar muy cuerdo, y sentía desconfianza.
Temía que logrará convencerme de abandonarlo y evitar que le entregara a mi hijo, así que estaba decidido a actuar de inmediato para impedirlo.
El ama de llaves subió para avisar que Massimo me esperaba para desayunar, terminaba de bañarme cuando escuché que llamaban a la puerta.
Pedí que me esperaran un momento mientras me apresuraba a vestirme, poco