—Creo que Rafael está feliz —dije con cuidado—. Y al final, eso es lo que importa.
La mentira sabía amarga en mi lengua.
—Qué diplomática —observó Millicent con una sonrisa cómplice—. Lo que significa que no la soportas.
Antes de que pudiera formular una respuesta, vi a David, mi jefe de segurida