—Gracias. Por todo.
—Para eso están las mejores amigas.
Marcos abrazó a Rafael y luego a mí, sonriendo de oreja a oreja.
—Ya era hora de que vosotros dos os pusierais las pilas.
—Más vale tarde que nunca —dijo Rafael.
Carlos se acercó más tranquilo, con los ojos rojos de tanto llorar. Me abrazó