Punto de vista de Rafael
No recuerdo haber vuelto al hotel. No recuerdo cruzar el vestíbulo ni bajar en ascensor al bar del sótano.
Pero de algún modo terminé sentado en un taburete de cuero, mirando un vaso de whisky como si tuviera respuestas.
«Otro», dije al camarero cuando el vaso se quedó vacío.
Sirvió sin comentario. Buen hombre. Sabía cuándo alguien no quería hablar.
Me tomé el segundo de un trago. Luego un tercero. El ardor en la garganta era bienvenido, un dolor físico que distraía del