—Christian, ten cuidado.
Al ver los ataques que se cernían sobre él por parte de una docena de hábiles miembros de la familia Figueroa, Lucía palideció. Siguiendo sus palabras, apretó sus manos alrededor del cuello de Christian, pero su corazón estaba lleno de preocupación infinita.
Pum.
Debido a la gran cantidad de enemigos, Christian, para proteger a Lucía en sus brazos, no pudo esquivar algunos golpes. Afortunadamente, su experiencia en combate era vasta y sus reflejos eran muy rápidos. Cada