Amanda aún no había terminado de hablar cuando escuchó a Lucas reírse, un sonido lleno de burla y desprecio, como si ya hubiera esperado esa llamada.
— Señorita Amanda, ¿qué honor me concede usted?
Su tono era sarcástico y altanero.
— No es más que lo que querías, ¿verdad? Disculparme contigo… —comenzó ella, tratando de mantenerse tranquila.
— ¿Disculparte con unas simples palabras vacías por teléfono? No, no. Quiero que vengas personalmente y le pidas perdón arrodillándote ante Viviana y pidién