— Esa pregunta debería hacerla más bien yo. ¿No tienes acaso nada que contarme?— Amanda se sintió tranquila, no había nada de qué hablar entre ella y él. Era él quien debería sentirse avergonzado por sus sentimientos inapropiados hacia Catalina, ¿se atrevería pues a admitirlo?
Jorge apretó los labios, sin intención de contarle que había ido el día anterior, ni que le había llevado también comida para ella. Había visto cómo Amanda disfrutaba del sancocho de Pablo, sin imaginar su propia decepción