Amanda se sentía bastante relajada y se estiró perezosamente. Justo en ese momento, Jorge la llamó.
—¿Qué pasa?
—El abuelo no quiere quedarse en el asilo, quiere regresar a casa por algún tiempo. ¿Puedes venir conmigo a recogerlo?
—De acuerdo.
Los dos llegaron muy puntual al asilo y el abuelo ya tenía todas sus cosas listas.
Durante este tiempo, no se sabía si era por seguir el tratamiento o porque su nieto se había casado, pero el anciano se veía animado demasiado, como si no estuviera cerca d