—¿Estás segura? —preguntó él, mirándola con interés.
—Sí… Estoy completamente segura —respondió, a pesar de que apenas podía hablar; su lengua parecía paralizada por la vergüenza.
Jorge se acercó de repente, sujetándola con fuerza por la nuca con una mano mientras que con la otra sostenía su delicada cintura. Sus cuerpos se juntaron, sin dejar ni el más mínimo espacio entre ellos, y ella pudo sentir el firme pecho del hombre, del cual emanaba un calor abrasador que traspasaba la ropa.
Ella c