Andrea
Desde que salió del hospital y fue a la funeraria por las cenizas de su esposo, Andrea ha permanecido en su recámara, acurrucada en posición fetal. El dolor la inmoviliza, apenas le permite moverse lo indispensable. Se aferra a la almohada con la misma desesperación con la que quisiera aferrarse a la vida que se le escapa entre los dedos.
—Voy a pasar —la voz de Cassie resuena a través de la puerta, y un instante después, esta se abre suavemente—. Te traje algo para que comas.
Andrea no