Andrea
Abrió los ojos y la intensa luz la encandiló de inmediato. El sonido monótono del goteo de la intravenosa rompía el silencio de la habitación, mientras ella observaba a su alrededor sin atreverse a moverse.
—¿Qué pasó? —preguntó con la voz rasposa.
Su madre, que hasta ese momento permanecía inmóvil en un rincón, corrió hacia ella con lágrimas en los ojos.
—¡Hija! Despertaste.
Un dolor punzante recorrió su cuerpo, como si hubiera estado inmóvil durante demasiado tiempo. Intentó enderezars