Andrea
Las palabras de su tía calaron hondo en Andrea. Esa sería la última noche que se permitiría lamentarse. Al día siguiente, encontraría la manera de reinventarse.
Tomó una de las pijamas de su esposo y la roció con su colonia. Luego, la enredó entre sus brazos y se durmió abrazada a ella. Esa noche, por primera vez en mucho tiempo, soñó con él.
Como si un filtro hubiera purificado sus memorias, solo los momentos más felices acudieron a su sueño: el instante en que se conocieron, su primer