SOLEDAD:
Con un suspiro miro a Lena.
—No es cierto, el alfa y yo no somos mates.
—Claro que sí.
Responde este mientras toma asiento en su sillón sin dejar de mirarme.
—Si hubiese sido mi mate ya lo habría sabido, además ya tengo mate y fui rechazada.
Un leve gruñido se escucha y el alfa habla.
—¿Quién fue tu mate? ¿Algún idiota de la manada luna plateada? Sí algún idiota tuvo que ser.
—Fue el alfa de luna plateada.
Menciona Lena y la miro frunciendo el ceño.
—Cierra la boca Lena.
—De acuerdo.
E