La sorpresa se reflejó en el bello rostro de Alexandra, escuchando las palabras que le había dicho, nuevamente sus mejillas se tiñeron de rojo por el calor que despedía el cúmulo de sensaciones que se desprendieron de aquella proposición indirecta. El la miro con un gesto de total comprensión, entendía que seguramente la había puesto en una situación incómoda, por lo que no tuvo reparo en disculparse.
– Siento haberte incomodado, cariño mío – Dijo con voz cálida.
– No me incomodas mi cielo, sól