Emi se obligó a respirar profundo, forzando a sus pulmones a encontrar un ritmo constante. Tenía que enfriar la rabia y el dolor de manera rápida; no podía permitirse una crisis ahora que necesitaba pensar con absoluta claridad. Sabía perfectamente que Gabriel, al subir a la habitación principal y notar su ausencia, no tardaría en buscarla por toda la casona.
—Tía, me voy a quedar aquí —dijo Emi en un susurro firme, acomodándose en la cama de Leonor. —Si Gabriel viene a buscarme, le dices que m