Solo tenía un pensamiento en mente: buscar refugio con la única persona que representaba un amor limpio y sin condiciones. Llegó a la habitación de Leonor, abrió la puerta temblando y se arrojó a los brazos de su tía, rompiendo en un llanto desgarrador, buscando el único consuelo capaz de protegerla de la tormenta que acababa de descubrir.
El llanto de Emi en la habitación de la planta baja era un lamento desgarrador, un eco de dolor puro que cortaba el aire de la casona. Leonor la sostenía ent