El aroma a café con canela recién hecho y pan tostado inundó la habitación antes que los pasos de Gabriel. Emi, que había pasado la noche en un sillón junto a la cama de su tía, reconoció de inmediato el ritmo de su caminar: seguro, pero cuidadoso, como si no quisiera romper el aire.
—Traigo el tesoro —anunció Gabriel con voz suave, dejando una bolsa de papel sobre la mesa metálica. El crujido del papel sonó como música para Emi—. Café cargado para Emi y un té de jazmín con pan dulce para la mu