Punto de vista de Elara
No necesitaba tiempo. En cuanto Kael me dejó en esos escalones de piedra, las implicaciones se me quedaron grabadas con brutal claridad.
Una Luna. Incluso una falsa. Protección. Autoridad. Silencio de la manada. Acceso a información, a las cámaras del consejo, a susurros que moldeaban fronteras y guerras.
Un lugar donde nadie podía tocarme sin consecuencias.
Y Kael Blackthorn a mi lado.
Peligroso. Impredecible. Maldito.
El tipo de hombre al que el mundo aprendió a temer, o a morir intentando no hacerlo.
Regresé a las habitaciones del sanador con paso firme, rostro sereno, mi mente ya avanzando tres pasos por delante. La supervivencia me ha enseñado una cosa por encima de todo: nunca desperdiciar una oportunidad.
Esto era más que una oportunidad. Era una espada colocada directamente en mi mano.
Pasé la noche despierto, mirando al techo mientras la manada dormía. Imaginé sus expresiones. La forma en que los susurros se retorcían y se ahogaban una vez que el títul