Capítulo 7: El capricho.
—Por favor, señorita Urriaga, no debe de moverse mientras tomó sus medidas. — decía una vieja mujer de mirada cansada.
Mariana resopló, odiaba que le dieran órdenes. Su odiada media hermana aun no enviaba el vestido de novia de la abuela de ambas, y aun cuando aquel le parecía anticuado, lo deseaba con ansias; no quería que Arianna tuviera nada que la hiciera, aunque fuese un poco feliz.
—No te estoy pagando para que te quejes, vieja, me moveré todo lo que quiera y no te atrevas a pronunciar un