Capítulo 115: Malas noticias.
Dejando unos billetes sobre la mesa, Marcus salió del lugar. Aborrecía con toda su alma aquella ciudad. Madrid era simplemente asquerosa, ruidosa y demasiado pretenciosa; en su época de estudiante las cosas no eran mejores, y su conveniente amistad con Maximiliano Urriaga nunca lo hizo realmente feliz, así que, con la excusa de que la esposa de su ex mejor amigo había sido el vientre de alquiler de su hermano mayor, hizo lo que le pidieron y abandonó la ciudad sin mirar atrás con la intención de nunca más volver, pero la falta de dinero lo forzó a regresar.
Soltando un chasquido enfadado, busco entre sus bolsillos la llave de su auto, cuando en ese momento choco hombro con hombro con otra persona, regando así varias monedas en el suelo.
— Lo siento, no vi por dónde iba. — se disculpó el otro tipo.
— Pero vaya que eres un pedazo de imbécil… —
Cada palabra que estuvo a punto de decir, se le había quedado atorada en la garganta y en ese momento Marcus abrió sus ojos con una mezcla de hor