Maldito sea, señor Knight.
Kevin jadeo y abrió los ojos. Gotas de agua goteaban de su cabeza a sus pies.
—Ha pasado mucho tiempo, Kevin.
El sonido provenía de un rincón de la habitación.
Kevin levantó la vista e inmediatamente lanzó una mirada de disgusto al hombre que no era otro que Albert.
—Hola, Kevin —dijo Albert mientras se acercaba a Kevin, con una sonrisa en su rostro.
Kevin miró hacia abajo y se encontró atado a una silla con cuerdas. Estaban en una especie de sótano.
—Nunca esperabas que el auto que detuviste p