Alexander se levantó y estiró los brazos, le dolían los músculos de dormir en el suelo. Miró la cama, pero la cama estaba vacía.
Se levantó del suelo y se acercó al hombre que yacía en la cama junto a él.
—¿Dónde está ese viejo? —al hombre le tomó un tiempo entender con quién estaba hablando y luego recordó.
—Oh... ese hombre... el oficial vino en la mañana y dijo que estaba libre y se lo llevó con él —Alexander frunció el ceño y luego recordó sus palabras.
—Nunca he pasado más de tres días en