Ambas se quedaron dormidas profundamente, agotadas por la intensidad de la noche anterior.
Cuando el sol comenzó a asomarse tímidamente por la ventana, Monica despertó y buscó a Celeste a su lado en la cama. Su corazón dio un vuelco al darse cuenta de que Celeste no estaba allí.
—¡Celeste! —exclamó, llena de preocupación, mientras salía apresuradamente de la habitación en busca de su amiga.
Recorrió cada rincón del hospital, con el corazón latiendo con fuerza en el pecho, pero Celeste no estaba