—Segura que te sientes bien? Te ves amarilla —preguntó Thomoe, frunciendo el ceño en señal de preocupación.
—Estoy bien, solo fue un mareo, no he comido en casi todo el día —respondió Celeste, tratando de minimizar su malestar.
Thomoe no parecía convencido, pero asintió, decidido a cuidarla.
—Iré a prepararte algo —dijo, levantándose de la cama.
Celeste le tomó la mano, deteniéndolo un momento.
—Gracias, Thomoe —murmuró, sintiendo un peso en su corazón, dudando de merecer su bondad y amor.
Thom