Capítulo 32: hospital.
Celeste y Thomoe paseaban por los puestos de un mercado ambulante, disfrutando del bullicio y la variedad de productos.

—¡Tom, mira! —exclamó Celeste con entusiasmo, corriendo hacia un puesto que vendía broches.

Thomoe la abrazó por la espalda y observó lo que le señalaba.

—No traje dinero —dijo Celeste, sintiéndose un poco avergonzada.

—No te preocupes, yo te lo compraré —respondió Thomoe con una sonrisa.

Celeste titubeó un momento, sintiéndose incómoda por aceptar el gesto.

—No es necesario,
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